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Así duermen los astronautas en el espacio

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¿Quién no soñó alguna vez con viajar al espacio? Este anhelo que tenemos durante la niñez solo se vuelve realidad y privilegio para algunos pocos. Sin embargo, convertirse en astronauta no es un camino sencillo, ya que los afortunados que lo logran trabajan duro durante años para cumplir su sueño.

Ahora bien, una vez completado la formación y el entrenamiento necesario llega el verdadero reto. La experiencia de despegar del planeta Tierra y arribar al espacio genera importantes desafíos físicos y psíquicos. Todas las actividades cotidianas se modifican drásticamente debido a la falta de gravedad.

Y una de las rutinas más afectadas es el sueño. Después de largas horas de trabajo en la estación espacial, dormir no es una tarea sencilla. Veamos porqué.

Cambia la temperatura corporal

Para descansar correctamente, nuestra temperatura corporal debe disminuir. En nuestro descanso habitual, esto se logra naturalmente. La posición de nuestro cuerpo y la circulación de sangre en nuestras extremidades regulan el proceso. Ahora bien, en el espacio todo esto se altera. La falta de gravedad altera la regulación de nuestra temperatura corporal.

No hay cama

Al no haber gravedad, no hay abajo… ni arriba. Nada tiene peso: los objetos permanecen suspendidos. Por lo tanto, los astronautas pueden ajustar sus bolsas de dormir a las paredes o el techo y dormir en cualquier lugar.

Antes de esto, deben asegurarse de no tener elementos cercanos que puedan sorprenderlos con un golpe durante la noche.

No hay día… ni noche

¿Te molesta dormir con la luz del sol? Quizás viajar al espacio no sea tu mejor opción para las próximas vacaciones. Dormir en una estación espacial es todo un desafío, ya que el sueño es interrumpido por la entrada constante de luz. El sol sale y se pone, aproximadamente, cada una hora y media. Esto genera un efecto similar al jet lag (viaje en avión a través de distintos husos horarios), o al cambio de turno de la jornada laboral.

Sin ronquidos

Ante el vacío del espacio, las ondas de sonido no se propagan. Esto genera un silencio al que no estamos acostumbrados en la Tierra. La ausencia de transporte de ondas pone fin al sonido de los ronquidos durante el sueño.

Como vemos, viajar al espacio trastoca drásticamente la experiencia de dormir. Sin embargo, esta es solo una de las tantas actividades cotidianas que se ven afectadas por la falta de gravedad.

Durante las últimas décadas, los especialistas han aprendido mucho acerca de los efectos que sufre el cuerpo humano fuera de la Tierra. Los músculos y huesos pierden fuerza, volviéndose frágiles, mientras que la visión y el sistema cardiovascular se alteran.

Nuestro cuerpo en el espacio experimenta un proceso similar al envejecimiento, debido a la falta de adaptación a la microgravedad.

En definitiva, nuestro organismo tiene miles de millones de años de evolución en la Tierra. Adaptarnos a la falta de gravedad es un gran desafío que, tal vez, se le presente a la humanidad en el futuro.

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